La frase del neurocientífico Edgard Morya destaca la complejidad del cerebro humano y cómo estas potencialidades son un gran “activo” en medio de la revolución tecnológica

La revolución tecnológica y el avance de la Inteligencia Artificial (IA) han provocado discusiones sobre el rol de los seres humanos en este contexto “ultra digital” y el impacto de las máquinas en la economía, la creación de empleo y las relaciones sociales.

En películas e historias de ficción, la Inteligencia Artificial tiende a reforzar una perspectiva pesimista con máquinas decididas a dominar el mundo, transformando a los seres humanos en meros personajes secundarios de la existencia. En la práctica, los avances tecnológicos con la IA se pueden percibir en las experiencias que el consumidor tiene a diario. Se materializan en la recomendación de productos, servicios, música y películas en plataformas de streaming, además de robots de servicio, como el chatbot.

Edgard Morya, coordinador de investigación del Instituto Internacional de Neurociencias Edmond y Lily Safra, señala que estas tecnologías son herramientas que potencian y mejoran la calidad de vida de las personas, especialmente para actividades repetitivas y monótonas. Para el neurocientífico, son las características intrínsecamente humanas las que mejor se complementan y diferencian de los avances tecnológicos. “La belleza del cerebro humano está en su complejidad no determinista para crear de diferentes formas, basándose en la experiencia de vida de ese cerebro a lo largo de la vida. Esto también se ve influenciado por el medio ambiente, las hormonas, la comida, las características personales que dependen de la memoria, las emociones y la cognición. Nuestra conciencia es única, depende del funcionamiento de nuestro cerebro y de todo el aprendizaje experimentado por ese ser. En este sentido, las tecnologías desarrolladas para ayudar a nuestro potencial son positivas para el futuro. Se revisarán las tecnologías que intentan hacer que los humanos dependan de ellas”, analiza.

En esta convivencia, el gran “activo” de la humanidad es la inversión en educación y conocimiento, además del potencial para realizar actividades con propósito y que sean capaces de generar un impacto positivo. “El conocimiento humano es diferente al del almacenamiento de la memoria digital. Saber evaluar las tecnologías y ser consciente de sus elecciones de vida son características que la tecnología no reemplaza. Tener autonomía para tomar decisiones personales y profesionales son características que debemos valorar cada vez más en las personas para traer diferentes soluciones”, concluye el investigador que estará presente en la edición 2021 de Cumbre de la Juventud de Sicredi.