Para el psicólogo y escritor Alexandre Coimbra Cabral, identificar las singularidades de la experiencia humana es un paso importante para el desarrollo de las relaciones sociales.

Las llamadas “soft skills”, habilidades subjetivas, desarrolladas a partir de experiencias durante toda la vida, son cada vez más demandadas, ya sea en el mercado laboral o en las relaciones sociales. En este contexto, y en el día a día de las organizaciones, el concepto de Inteligencia Emocional (IE) se ha fortalecido, y ha atraído seguidores, según la definición del psicólogo y doctor Daniel Goleman, uno de los creadores de la idea que vincula la capacidad de negociación de las emociones con el autoconocimiento, la perseverancia, la empatía, el autocontrol y las relaciones interpersonales.

Tal concepción ha reforzado la importancia de reconocer los sentimientos y las sensaciones ante los nuevos desafíos, con el objetivo de comunicar las necesidades y potencialidades de cada ser humano, siendo un movimiento que debe iniciarse incluso en las primeras etapas de la vida. Para el psicólogo y escritor Alexandre Coimbra Cabral, ésta es una habilidad que debe ejercitarse en casa, para evitar que las personas repriman sus emociones, por temor a ser incomprendidas o regañadas. No obstante, el especialista refuerza que “siempre es importante y esperado que nos desarrollemos en el sentido de reconocer nuestros sentimientos, ya que cada uno vive de una manera absolutamente única. Y, por lo tanto, las cosas que nos afectan, no llegan de la misma forma que a otras personas. Reconocer la singularidad de la experiencia humana es el paso más importante para que los adolescentes y jóvenes enfrenten mejor las diferencias”, afirma Cabral.

Incluso con todas las diferencias entre los individuos, el ser humano siempre busca identificarse con el entorno en el que convive. “Cuando elegimos las relaciones sociales, seleccionamos círculos de pertenencia que reconocen quiénes somos. Poco a poco, ganamos, a través de las personas que forman parte de nuestros grupos sociales, una especie de ‘credencial’ para seguir nuestro camino”, analiza el psicólogo.

El especialista, que estará en la Cumbre de la Juventud 2021, también refuerza que acoger las diferencias garantiza un mayor repertorio para cada ser humano, que, sumado al desarrollo de las habilidades socioemocionales, potencia experiencias, conocimientos y acciones. “La convivencia social es también el acto de darme el derecho a elegir espacios donde no sólo habrá gente como yo. Una posibilidad de conocer a diferentes personas para que todos aprendamos a reconocer lo que cada uno tiene y lo que puede ofrecer a este colectivo”, concluye.